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Gepe: La literalidad del 'Estilo Libre'

“A mí me parece que el pop es más combativo que el rock: sé que es una cosa muy subjetiva, pero el rock me parece conservador, estático, que no le contesta a nadie. El pop puede ser cualquier cosa, desde una mierda a una maravilla, por la misma maleabilidad que tiene. Creo que el pop tiene la capacidad de mezclar lo superficial con lo profundo, que tiene un polo bueno y uno malo."

Gepe

Publicado: 2015-09-21

Existen formas para subir una cuesta, a caballo, a pie, con ayuda o sin ella; por eso, cuando hablamos del ascenso, casi siempre nos referimos a la eficiencia del acto mismo, la eficacia suele ser subjetiva.

En el mundo de la música, los ascensos son complicados. Llegar a la cima implica contar con acceso y para obtenerlo, primero debe pasar mucha agua por debajo del puente; eso o que de buenas a primeras te descubra un productor musical, ganes un reality o te saques la lotería y financies tu propio proyecto. Todas, cosas que no a muchos les sucede y no obstante lo irreal del panorama, aunque implique llegar a la cima, no te asegura quedarte en ella.

Diez años atrás, un santiaguino de la comuna de San Miguel de nombre Daniel Riveros Sepúlveda, cantante, compositor y multiinstrumentista, decidió que no iba a esperar hasta sacarse la lotería para dejar de ser invisible en el escenario musical chileno y luego de una primera insinuación con 5x5, EP editado en el 2004, lanzó el que a priori sería su primer gran paso hacia un ascenso dificultoso como entretenido: Gepinto (2005).

Gepinto, fue un statement, un llegué para quedarme y no traigo nada como lo que ustedes conocen. La voz particular de Daniel, su lírica sencilla, su verso desembozado, su estética cruzada, que funde lo contemporáneo con la raíz, temas como: Namás, La enfermedad de los ojos, Los Barcos, Guinea, todos esos matices, encendieron las alarmas de los que saben de música y el resto es historia conocida, llegaron Hungría (2007), Audiovisión (2010) y GP (2012).

Hacia mediados del 2013 y justo cuando GP, el último disco del chileno se hallaba en ebullición con éxitos como En la naturaleza, Fruta y té y Bacán tu casa, sucedió lo que muchos esperaban, Gepe fue confirmado como jurado del Festival de Viña del Mar 2014 y por ende como artista con opción a presentar su show ante el 'monstruo' de la Quinta Vergara.

Aquel show, ejecutado con maestría la noche del 26 de febrero de 2014, le valió a Gepe el ascenso completo a la cima musical y desde allá arriba, un año después nos presenta su quinto trabajo de larga duración, su ‘Estilo Libre’.

Y es que cinco álbumes de estudio en diez años, supone un promedio de rotación musical de dos años entre álbum y álbum, lo cual habla de todo cuanto tiene por contarnos este Diseñador Gráfico de profesión, que además de tocar guitarra, toca la batería y el teclado, instrumentos que aprendió por sí solo, es autodidacta.

Estilo libre (2015) representa la adicción del chileno por el riesgo, la reinvención constante, el recurso atrevido. Es un pop que no quiere ser encasillado en el indie, mucho menos en el folk y reta uno a uno los convencionalismos musicales, tanto como los estéticos.

Hambre, el primer single de Estilo Libre, marca la pauta de este nuevo material musical, con un techno pop que integra el folklore de manera perfecta, desde el empleo del charango como elemento definitorio y característico del repertorio de Gepe, hasta la utilización de los vientos en el estribillo, que además de sumarle la grandilocuencia del carnaval andino, nos trae un contrapunto entre el vocalista y una especie de voz general -en coro- que contesta a sus proposiciones. La guitarra eléctrica en su sentido más ‘chicha’ disuelve la fuerza del pueblo hambriento, que brama por devorar hasta saciarse.

Hacia el final del tema, fanfarria con trompetas y charanguito para el ingreso triunfal de Wendy Sulca, en una colaboración por demás acertada, con la vitalidad de su marca registrada-  el falsete- rompiendo la dinámica de esta marcha que es techno y a veces es hip hop, para devolvernos a la raíz con un efecto avant garde.

Yo quiero que tu boca se pegue a la mía como un chicle nuevo
que la tómbola de la vida ya no deje 'e girar
que el papel con tu nombre se mezcle con muchos más.
 Y que caiga, quien caiga
pero pocos van a durar.

Y ya que mencionamos el vanguardismo, desde lo visual, Hambre es una propuesta kitsch perfectamente trabajada por el británico Ian Pons Jewell, director del video, que nos traslada al Salón de Eventos “Príncipe Alexander” de la capital de Bolivia, para envolvernos en este aire Neo-Andino, donde hay bailarinas de morenada, cavernícolas, gente de alcurnia, otros menos elegantes y por supuesto Gepe; todos sentados a la misma mesa, a la que llegan una a una las nuevas víctimas, sin saber que serán devoradas, por la platea insaciable.

El clima de barbarie y descontrol se quiebra con la aparición de una iracunda Wendy Sulca, visiblemente molesta porque el banquete arrancó sin ella. Hambre asemeja poseer una letra sencilla de descifrar, nosotros creemos todo lo contrario. Queda en ustedes entender a qué o quiénes alude.

"En Melipilla perdí la silla donde me quería sentar", dice uno de los temas más bailables del disco, en clara alusión a una frase muy popular en Chile que juega con la sonoridad de las palabras. En Melipilla, Gepe sigue siendo el mismo que nos pone a bailar, el autor de un efecto revitalizador sobre el folklore; y aún así, es también quien logra darse maña para sacudirse las etiquetas de músico al rescate de sonidos autóctonos. Según el Mapocho, solo echa mano de aquello que conoce y que le agrada, sin mayor pretensión que la música por sí misma.

Punteos de charango, guitarras, redobles de tarola, trompetas para armar el carnaval andino, buscando la cadencia perfecta en las palabras; en proceso inverso, partiendo de la música hacia la lírica.

Vamos a perdernos un poquito por ahí,
mirando las estrellas se parece a otro país,
si es verdad, es verdad todo el mundo quiere más de todo
 si de pronto te descuidas alguien toma tu lugar.

Tal como lo confesara el propio cantautor, este es un álbum que parece haber atravesado la Cordillera de los Andes, en consecuencia mucha de su influencia, es peruana. Invierno, es el corte más melódico del disco, y aunque el género que desarrolla es caribeño –la bachata-, la cantante que acompaña a Gepe en la aventura, es la peruana Lalá, quien desde la dulzura y profundidad de su voz, se vale de la simpleza del género musical, para llegarnos directo y sin escalas al corazón, calentando nuestro Invierno.

El tema, transita entre la aparente levedad de su lírica y la calma instrumental a ritmo de guitarra acústica, maracas y bongó, que suena a trópico y también a olvido. Con Invierno- quizás uno de los mejores temas del disco- Gepe vuelve a demostrar que no se lo puede encasillar en ningún género musical y que su temerario espíritu lo hará llegar a los horizontes más lejanos, hasta aparentemente probarlo todo.

Y es así que llegaré al fin de este invierno que hace eterno, chaqueta y chaleco, pijama y doble calcetín.
Las luces prendidas, llueve todo el día,
para que voy a salir.

Ya en la línea melódica, Siempre quiero lo que no tengo, es un manifiesto íntimo y personalísimo, en el que Daniel Riveros Sepúlveda, más conocido como Gepe, se confiesa inconforme por naturaleza, curioso, exigente, dejándose llevar por la retórica sobre la existencia humana.

No es que sea la rebeldía ni sangre fría ni nada más,
no es que busque algo distinto ni sea tan fino de procurar.
Desde el primer momento lo que quería esta más allá
y al llegar a ese sitio, que esta vacío, sigo igual.
Siempre quiero lo que no tengo, siempre quiero lo que no hay...

Reggae y pop con un acompañamiento musical más orgánico ingresan a nuestros oídos con facilidad, en un formato sumamente digerible, que le permite al Mapocho seguir abriendo puertas y ventanas musicales a su paso, sin dejar de ser el Gepe comprometido de letras jugadas como Marinero, Capitán o Piedra contra bala. Esta vez, la única diferencia es que, a la fiesta que organizó Daniel, pudo entrar más gente, es una fiesta popular.

El álbum cierra con Vivir, tema en el que colabora su paisana, Javiera Mena y que al margen del tratamiento pop electrónico que nos hace pensar en nombres concretos de gente de la industria de los sintetizadores, carga consigo un mensaje sentido: quedarse en casa a hacer patria, como lo hizo él, como lo hace Mena, Álex Anwandter, Pedropiedra, todos amigos personales del artista, miembros de una promoción que enarbola la identidad musical chilena.

Tras haber subido la cuesta, Gepe nos saluda desde la cima, disfrutando el paisaje y pensando qué nueva montaña escalar. Como ya hemos visto, los llanos no le son propicios al cordillerano.


Escrito por

Kreuza del Campo Gaete

Nadadora amateur en un mar de letras y surfer de olas musicales. En twitter y en instagram @kreuzapop


Publicado en

Música Mía

A través de mi visión de la música, te invito a emprender un viaje juntos por este maravilloso mundo.